Dietas Disociadas

En: Salud

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La preocupación excesiva por adelgazar ha generado en los últimos años una auténtica explosión de remedios, algunos útiles, otros muchos prescindibles y, en una proporción significativa, claramente perjudiciales.

Muchas de las autoproclamadas “dietas disociadas” -aquéllas que se centran en no mezclar determinados alimentos- entran dentro de la pura fantasía

El fundamento común en el que se basan estas dietas es que los alimentos no contribuyen al bienestar y al aumento de peso por sí mismos ni por las calorías que aportan, sino a causa de su consumo según determinadas combinaciones.

Aluden a que se puede comer “casi” de todos los alimentos, pero no mezclados en una misma comida. Otra de las particularidades comunes en estas dietas disociadas es que no limitan las cantidades de alimentos.

Su explicación se basa en que el organismo no aprovecha las calorías que aportan los nutrientes -hidratos de carbono, proteínas y grasas- si se toman por separado, y no juntos en una misma comida.

La opinión generalizada de investigadores, médicos y nutricionistas es que estas dietas no tienen un fundamento científico claro y definido.

Quienes las defienden crean sus propias teorías basadas en un particular funcionamiento del organismo, en especial del aparato digestivo y endocrino, pero la realidad es que no se cuenta con una bibliografía suficiente de estudios serios con muestras representativas de población y con resultados que avalen sus tesis.

La dieta basada en no combinar proteínas y grasas con hidratos de carbono es casi imposible de seguir, además de ser desaconsejable

La razón: no hay alimentos puros en un nutriente que sólo contengan hidratos de carbono o sólo tengan proteínas o grasas.

Los alimentos son el resultado de una combinación de diversos nutrientes en distintas proporciones, lo que pone en evidencia el fundamento científico del que parten estas dietas disociadas. He aquí dos ejemplos:
la leche, que en las dietas disociadas se clasifica como alimento proteico (y lo es), también contiene cierta cantidad de azúcares (lactosa) y de grasa si es leche entera o semidesnatada.
Las legumbres son también otro ejemplo de alimento con una concentración alta de hidratos de carbono y un nada despreciable aporte de proteínas.

Nuestro sistema digestivo -en condiciones de buena salud- está perfectamente diseñado para digerir y absorber en cada uno de sus niveles los diferentes nutrientes que componen los alimentos, tomados de manera aislada o conjunta.

Es cierto, como señalan los defensores de las dietas disociadas, que las enzimas digestivas, las sustancias que transforman los macronutrientes de los alimentos -hidratos de carbono, proteínas y grasas- en moléculas más pequeñas -glucosa, aminoácidos y ácidos grasos libres- para que puedan ser absorbidas, son específicas para cada nutriente. No obstante, son capaces de actuar de forma conjunta.

La realidad que nos encontramos en la calle es que millones de personas han seguido dietas disociadas y les han funcionado, han logrado el objetivo que perseguían, que en la mayoría de los casos se resume en perder peso.

Entonces, ¿tiene una dieta disociada efectos saludables? La pregunta que se debería plantear, sin embargo, es otra: ¿es necesario hacer una dieta disociada para mantenerse sano, para perder peso?

Si tenemos claro que las dietas disociadas se fundamentan en conceptos de Nutrición mal definidos e inconclusos, la respuesta sería: no.

No es necesario ni estaría justificado hacer una dieta disociada de la manera estricta que la plantean sus creadores. Pero sí se pueden obtener beneficios con una acertada combinación de alimentos.

Una dieta es equilibrada si cubre los requerimientos diarios de nutrientes en las proporciones requeridas por el organismo (50-55% de hidratos de carbono, 30-35% de grasas y 15-20% de proteínas) y aporta la adecuada cantidad de vitaminas, minerales, fibra y agua.

Si la dieta disociada cumple con estos requerimientos -y para conocer estos datos se requiere el asesoramiento de una persona experta en Nutrición-, también puede ser equilibrada, aunque la distribución de nutrientes a lo largo del día sea diferente a lo convencional.

En un principio, disociar la dieta no tiene por qué ocasionar mayores problemas de salud si se atiende a la letra grande, es decir, a no mezclar hidratos de carbono con proteínas y realizar 5-6 comidas al día, incluyendo todo tipo de alimentos, aunque no sea conjuntamente.

De esta forma se come de todo a lo largo del día y no se corre el riesgo de padecer deficiencias nutricionales.

Vía revista.consumer

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Escrito por Jorge Guzmán B. el 29/05/09

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Por Dietas Disociadas | Tu Vida Sana | Alimento | May 29, 2009

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